Washington Irving habitó en varios lugares dentro de la Alhambra

30/11/2009

El escritor norteamericano Washington Irving (1783-1859) vivió en la Alhambra durante su segunda estancia en la ciudad de Granada, del 4 de mayo al 29 de julio de 1829. Se alojó, en un principio, junto con su amigo el príncipe Dolgorouki en los apartamentos del gobernador Francisco de la Serna, que se encontraban en el palacio de Carlos V. Sin embargo, a las pocas semanas, tras deambular por las distintas estancias del palacio, encuentra unas habitaciones cerradas “misteriosas”.

Tras abrir, no sin cierta dificultad, la puerta descubre unos apartamentos regios que se habían preparado para la bella reina Isabel de Farnesio. Entusiasmado con el lugar, decide trasladar su residencia a estas habitaciones a pesar de encontrarse cerradas y abandonadas. No se arrepintió, como se deducen de sus propias palabras: “Jamás he gozado de una residencia más deliciosa… Estoy tan enamorado de mi apartamento que me cuesta trabajo salir de él para dar mis paseos. Estar en el corazón de este gran palacio deshabitado te da una grata sensación de tranquilidad y sosiego difícil de descubrir”.

Pero Irving disfrutaría de otros escenarios en la Alhambra. Narra en una carta a su amigo Dolgorouki como desayuna “al estilo de los reyes nazaríes” en el Patio de los Leones. Pero no era éste el único sitio que le gustaba; el Salón de Embajadores junto con el Patio de los Leones eran sus sitios preferidos para desayunar y almorzar. Otro de sus pasatiempos preferidos era subirse a lo alto de la Torre de Comares y desde allí arriba, con sus anteojos Doland, observar meticulosamente el día a día de la ciudad y sus habitantes a sus pies.

Pasear por los patios y otras estancias del palacio al atardecer eran sus quehaceres cotidianos a los que sumaba otro atractivo hoy día difícil de imaginar: Irving disponía de una “piscina de agua templada” en uno de los estanques que había en uno de los patios donde se bañaba por las noches buscando el agua calentada por el sol.